Alberto Moravia era un escritor italiano, de prosa no muy excelsa, pero si de una agudeza refinada a la hora de crear historias cotidianas en las que uno puede llegar a identificarse plenamente y en las que sabe profundizar en el amplio mundo de las relaciones humanas, con ironía y atino. Entre sus obras es conveniente tener siempre encima de la mesa sus “Cuentos romanos”. Otra de las novelas del autor lleva por nombre “El conformista”; obra cuyo título me hace reflexionar sobre este perfil humano en la actualidad.
En los tiempos que corren en los que la sociedad de consumo nos hace generar cada vez más necesidades y donde se valoran más las posesiones y el éxito profesional que el cariño de tu pareja, la sonrisa de tu hijo o el tiempo libre necesario para compartir una puesta de sol, cada vez somos más los que nos ponemos del lado del inconformismo sin llegar a tener la pausa necesaria para apreciar lo que tenemos o lo que la vida nos puede ofrecer, con el riesgo de ser tachados de conformistas.
El conformista está mal visto. Hoy en día prima la ambición y el espíritu de superación como valores imprescindibles para ser alguien que destaque dentro de la mediocridad existente.
Pero ser inconformista no es tarea sencilla. La cuestión se complica si además, para ser bueno en la vida hay que ser autoexigente con uno mismo, hay que pedirse más y más, aprender más, ser mejor en tu trabajo, tener más títulos, más cursos, ser el perfecto amante, esposa, marido, amigo, músico, deportista. Entonces estás perdido. Asentados en este nivel de exigencia resulta complicado poder alcanzar la felicidad y siempre estaremos insatisfechos con aquello que realizamos o con aquello que tenemos.
Soy consciente de que el progreso y los avances más importantes de nuestro mundo se deben a personas inconformistas y yo mismo me considero de alguna manera como tal, pero también reconozco que se trata de una gran certeza la famosa frase que dice que “no es más feliz quien más tiene, si no quien menos necesita”.
Por ello, y aunque uno tiende al inconformismo y a la autoexigencia agotadora, intento todos los días que esto cambie, pero creo que nunca seré capaz de escribir los versos del cantor que dicen “me enamoro de todo, me conformo con nada; un aroma, un abrazo, un pedazo de pan”. Al menos aspiro a ello. Al final, como casi siempre, en el término medio está la virtud.
La vida te la dan, pero no te la regalan
viernes, 18 de marzo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
SOMOS ASÍ

Mientras aquí los chiquillos preparan el local donde van a albergar su peña en la que se juntaran en carnavales para saciar su sed de alcohol, donde se reirán juntos y donde quizá, si tienen suerte, convencerán a una jovencita bisoña y ansiosa por conocer nuevas experiencias para que jueguen a eso que llaman amor y que se confunde con el sexo, en otros lados del planeta el mundo cambia a pasos agigantados influenciado por una globalización inevitable y devoradora.
Que Internet está revolucionando nuestras vidas, es algo más que evidente. El poder de comunicación de este invento desborda cualquier limitación. No hay quien pueda por el momento poner límites a este medio con el que todo el mundo puede estar comunicado de manera casi instantánea y donde todo tipo de conocimiento y de reflexiones tienen cabida.
Los más incómodos con todo lo que Internet supone, son las grandes dictaduras existentes, las cuales se empeñan en cerrar las puertas de la comunicación y de la información a través de esta vía, para proteger y salvaguardar su estatus a costa de la permanente privación de libertades y de la restricción de conocimientos, conscientes de que ojos que no ven….
Pero el poder de Internet es tan amplio y sus restricciones tan difíciles que los grandes regímenes autoritarios no pueden llegar a controlarlo, como no es posible poner puertas al campo.
Algo así le ha sucedido al perenne Hosni Mubarak y a otros cuantos gobiernos autoritarios del mundo musulmán. Lo vivido en Egipto en estos últimos días es una muestra del poder de las nuevas comunicaciones y de la fuerza de la globalización. Las desigualdades parecen más evidentes cuando todo el mundo conoce que en casa del vecino todo es diferente y las injusticias resultan más insoportables cuando sabes que otro mundo puede ser posible. El efecto movilización y cambio iniciado en Túnez parece extenderse como la pólvora, sobretodo entre los países con mayores avances tecnológicos. Queda la duda de si será posible algo similar en países tan controlados internamente como Cuba o China, pero quizá el tiempo nos de la respuesta que tarde o temprano acabará siendo la misma.
El mundo cambia muy deprisa, a veces más de lo que podemos llegar a concebir. Mientras, en este pequeño rincón del oeste de España, limítrofe con la frontera con Portugal seguimos nuestro paso cansino y pausado, mientras vemos como los toros suben y bajan varias veces al día en medio del frío y gélido invierno. Por suerte o por desgracia somos así.
Que Internet está revolucionando nuestras vidas, es algo más que evidente. El poder de comunicación de este invento desborda cualquier limitación. No hay quien pueda por el momento poner límites a este medio con el que todo el mundo puede estar comunicado de manera casi instantánea y donde todo tipo de conocimiento y de reflexiones tienen cabida.
Los más incómodos con todo lo que Internet supone, son las grandes dictaduras existentes, las cuales se empeñan en cerrar las puertas de la comunicación y de la información a través de esta vía, para proteger y salvaguardar su estatus a costa de la permanente privación de libertades y de la restricción de conocimientos, conscientes de que ojos que no ven….
Pero el poder de Internet es tan amplio y sus restricciones tan difíciles que los grandes regímenes autoritarios no pueden llegar a controlarlo, como no es posible poner puertas al campo.
Algo así le ha sucedido al perenne Hosni Mubarak y a otros cuantos gobiernos autoritarios del mundo musulmán. Lo vivido en Egipto en estos últimos días es una muestra del poder de las nuevas comunicaciones y de la fuerza de la globalización. Las desigualdades parecen más evidentes cuando todo el mundo conoce que en casa del vecino todo es diferente y las injusticias resultan más insoportables cuando sabes que otro mundo puede ser posible. El efecto movilización y cambio iniciado en Túnez parece extenderse como la pólvora, sobretodo entre los países con mayores avances tecnológicos. Queda la duda de si será posible algo similar en países tan controlados internamente como Cuba o China, pero quizá el tiempo nos de la respuesta que tarde o temprano acabará siendo la misma.
El mundo cambia muy deprisa, a veces más de lo que podemos llegar a concebir. Mientras, en este pequeño rincón del oeste de España, limítrofe con la frontera con Portugal seguimos nuestro paso cansino y pausado, mientras vemos como los toros suben y bajan varias veces al día en medio del frío y gélido invierno. Por suerte o por desgracia somos así.
miércoles, 2 de febrero de 2011
HERMANA DE LA PRIMAVERA
Ya por entonces tenías
ansias por vivir
y antes de lo previsto
quisiste salir.
Como hermana gemela
de la primavera
debiste nacer el veinte
pero no aguantaste
y lo hiciste
cinco días antes
para elegir
mi fecha favorita:
"¡LA NIÑA BONITA!"
Desde aquellos vuelos
la primavera tiene celos
Dice que las flores
salen por ti
y no por ella
Dice que le robaste
sus olores
y te quedaste
con todos los amores
y todas las sangres
que ella alteraba.
Eres hermana de la primavera
pero ella recela
y no puede consentir
que el sol brille más por ti
que por ella...
....hermana de la primavera....
V.E. Dedicado a mi Manuela. Ciudad Rodrigo. 1 de febrero de 2011.
jueves, 13 de enero de 2011
OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

En los tiempos que corren en los que todos disponemos de más de treinta canales de televisión entre los que elegir la programación que más nos satisfaga en nuestros ratos de descanso en casa, resulta casi heroico comprobar como La 2 sobrevive a esta invasión de Belenes Esteban, Grandes Hermanos y teletiendas que invaden la pequeña pantalla. Haciendo honor a su viejo slogan que decía “para una inmensa minoría” la menor de las cadenas estatales ofrece un elevado nivel de calidad en su programación, muy en contra de los dictámenes y directrices comerciales que priman entre las ofertas televisivas. Ni la CNN+ resistió los envites de esta tendencia.
Entre los muchos documentales y programas de interés que se pueden ver en La 2, hace poco tuve la oportunidad de ver uno que llevaba por título “La obsolescencia programada”. Bajo tal encabezado el documental analizaba la premeditada consigna empresarial de determinados sectores productivos para generar productos que intencionadamente tuvieran una vida muy inferior a la que podrían llegar a tener con una optima producción y todo ello con la clara y diáfana intención de propiciar un incremento del consumo del producto en cuestión, acortando su vida útil.
El documental hacía hincapié y tomaba como ejemplo la producción de bombillas, las cuales podrían tener una vida casi eterna, circunstancia esta que no interesaba a las casas comerciales que las elaboraban y de esta manera decidieron tornar sus directrices para elaborar un producto menos perenne y más consumible.
Todo ello me recordó la tremenda facilidad de avería de los teléfonos móviles, una vez que cumplen su periodo de garantía y pensé en lo tremendamente manipulables que podemos llegar a ser dentro de este mundo eminentemente consumista.
Viendo el documental uno puede llegar a sentirse una marioneta dentro de todo este sistema que rigen unos pocos. Sin embargo lo más triste y penoso es que quizá esa obsolescencia programada a la que hacía referencia el documental, sea hasta conveniente y favorable para que en este poblado mundo podamos sobrevivir todos con el nivel de riqueza y bienestar a que estamos acostumbrados. Es decir, que puede llegar a ser incluso necesario que haya más y más consumo para que el dinero se mueva, se generen más empresas y establecimientos comerciales y los que existen se mantengan y a ser posible crezcan y contraten a más empleados y por ende haya más trabajo para todos. Así las cosas mejor no pensar en lo paradójico y lo incongruente de todo ello. Mejor no veo La 2. Me quedo con Teledeporte.
Entre los muchos documentales y programas de interés que se pueden ver en La 2, hace poco tuve la oportunidad de ver uno que llevaba por título “La obsolescencia programada”. Bajo tal encabezado el documental analizaba la premeditada consigna empresarial de determinados sectores productivos para generar productos que intencionadamente tuvieran una vida muy inferior a la que podrían llegar a tener con una optima producción y todo ello con la clara y diáfana intención de propiciar un incremento del consumo del producto en cuestión, acortando su vida útil.
El documental hacía hincapié y tomaba como ejemplo la producción de bombillas, las cuales podrían tener una vida casi eterna, circunstancia esta que no interesaba a las casas comerciales que las elaboraban y de esta manera decidieron tornar sus directrices para elaborar un producto menos perenne y más consumible.
Todo ello me recordó la tremenda facilidad de avería de los teléfonos móviles, una vez que cumplen su periodo de garantía y pensé en lo tremendamente manipulables que podemos llegar a ser dentro de este mundo eminentemente consumista.
Viendo el documental uno puede llegar a sentirse una marioneta dentro de todo este sistema que rigen unos pocos. Sin embargo lo más triste y penoso es que quizá esa obsolescencia programada a la que hacía referencia el documental, sea hasta conveniente y favorable para que en este poblado mundo podamos sobrevivir todos con el nivel de riqueza y bienestar a que estamos acostumbrados. Es decir, que puede llegar a ser incluso necesario que haya más y más consumo para que el dinero se mueva, se generen más empresas y establecimientos comerciales y los que existen se mantengan y a ser posible crezcan y contraten a más empleados y por ende haya más trabajo para todos. Así las cosas mejor no pensar en lo paradójico y lo incongruente de todo ello. Mejor no veo La 2. Me quedo con Teledeporte.
martes, 28 de diciembre de 2010
CIUDAD RODRIGO
Muchas veces he llegado a decir que se queda pequeña, que para los que tenemos inquietudes, la ciudad en la que vivo tiene sus limitaciones. Y quizá todo ello sea cierto.
Pero a pesar de llegar a renegar de esta tierra yerma que pierde hijos paulatínamente en busca de oportunidades, siempre que llego a ella después de estar unos días fuera, siento el confort del hogar y agradezco la paz de sus calles y barrios, el ritmo tranquilo del andar lento y pausado del Ciudad Rodrigo perezoso que me vió nacer, que me vio dar los primeros pasos y que guardó el secreto de mis enamoramientos al abrigo de sus rincones.
Y es después de unos días de ausencias cuando uno siente al volver, que la vieja y vetusta Miróbriga te acoge con los brazos abiertos, como esa madre que agradece que su hijo retorne al hogar y casi sientes que te susurra al oído una nana que te adormece y que te dice: - tranquilo, ya estás en casa -.
Si pones empeño, también puedes escuchar el sonido de su corazón, palpitando suave, reposado, casi sin alteraciones.
Dicen que los amigos se pueden elegir, pero la familia no. Lo mismo puede ocurrir con la ciudad en la que uno se ha criado y ha crecido. Quizá me hubiera gustado haber nacido cerca de una playa cálida y abierta al mar, con vistas al atardecer, pero nací aquí y aquí tengo la sensación de estar en casa.
Foto: Catedral de Santa María (V.E.)
domingo, 14 de noviembre de 2010
VIAJAR
Un amigo mío, ya ausente entre nosotros, solía decir cuando veía a una mujer bella y atractiva que pasaba por la calle; “esa es de las que me receta Don Orlando”, (médico que, por cierto, también está lejos de nuestra compañía). Aquel comentario gracioso y simpático podría aplicarse al hecho de viajar, de salir de nuestro entorno cotidiano, de nuestra rutina diaria, como receta médica para conseguir una higiene mental, una ampliación de visión y de miras necesario y muy conveniente para oxigenar y liberar egocentrismos muy peligrosos para la salud.
Escapar de nuestro hábitat habitual no está al alcance de todo el mundo en estos tiempos de crisis que corren, aunque los datos demuestran que el sector turístico sigue resistiendo los temblores de este terremoto económico que nos sigue sacudiendo. Sin embargo puedo garantizar que conocer nuevas culturas nuevos lugares, nuevas gentes, nuevos atardeceres, nuevas cumbres que subir, nuevas aguas en las que mojarse, tiene unos efectos terapéuticos muy saludables, casi tanto como los de esa hermosa mujer que Don Orlando recetaba a mi amigo.
Viajar, descubrir nuevos territorios, lejos de ser un despilfarro, es una inversión cultural que además tienen el poder de abrir nuestras mentes, de hacernos apreciar que no somos el ombligo del mundo y que detrás de las cuatro paredes de nuestra casa y lejos de las calles de nuestra ciudad, hay millones de corazones que palpitan como el nuestro y que sufren como el nuestro, a pesar de que sus rasgos y sus costumbres sean diferentes.
Al igual que nos hacemos una limpieza bucal como medida de higiene y de salud, nuestra mente debería limpiarse con el mismo objetivo, para ello nada mejor que recetarnos de vez en cuando un viajecito.
Por todo ello, yo les recomiendo que se busquen un médico que de vez en cuando les propongan como tratamiento para el mal de la rutina, salir de su ciudad; viajar y conocer otros lugares. Porque les aseguro que incluso en el caso de que su viaje llegue a ser un desastre, o de que por diversas circunstancias ustedes no hayan llegado a sentirse cómodos y a disfrutar de su salida, ustedes habrán conseguido algo muy importante y positivo; apreciar que agusto se puede llegar a estar en su propia casa, leyendo un buen libro sentado en su sofá preferido o viendo una película en su televisor junto con la familia que le da calor durante el invierno.
Escapar de nuestro hábitat habitual no está al alcance de todo el mundo en estos tiempos de crisis que corren, aunque los datos demuestran que el sector turístico sigue resistiendo los temblores de este terremoto económico que nos sigue sacudiendo. Sin embargo puedo garantizar que conocer nuevas culturas nuevos lugares, nuevas gentes, nuevos atardeceres, nuevas cumbres que subir, nuevas aguas en las que mojarse, tiene unos efectos terapéuticos muy saludables, casi tanto como los de esa hermosa mujer que Don Orlando recetaba a mi amigo.
Viajar, descubrir nuevos territorios, lejos de ser un despilfarro, es una inversión cultural que además tienen el poder de abrir nuestras mentes, de hacernos apreciar que no somos el ombligo del mundo y que detrás de las cuatro paredes de nuestra casa y lejos de las calles de nuestra ciudad, hay millones de corazones que palpitan como el nuestro y que sufren como el nuestro, a pesar de que sus rasgos y sus costumbres sean diferentes.
Al igual que nos hacemos una limpieza bucal como medida de higiene y de salud, nuestra mente debería limpiarse con el mismo objetivo, para ello nada mejor que recetarnos de vez en cuando un viajecito.
Por todo ello, yo les recomiendo que se busquen un médico que de vez en cuando les propongan como tratamiento para el mal de la rutina, salir de su ciudad; viajar y conocer otros lugares. Porque les aseguro que incluso en el caso de que su viaje llegue a ser un desastre, o de que por diversas circunstancias ustedes no hayan llegado a sentirse cómodos y a disfrutar de su salida, ustedes habrán conseguido algo muy importante y positivo; apreciar que agusto se puede llegar a estar en su propia casa, leyendo un buen libro sentado en su sofá preferido o viendo una película en su televisor junto con la familia que le da calor durante el invierno.
miércoles, 27 de octubre de 2010
CONSTRUCTOR DE SUEÑOS
AHORA QUE LA VIDA VA EN SERIO
HE DECIDIO QUE QUIERO SER
CONSTRUCTOR DE SUEÑOS
QUIERO SER EL DUEÑO
DE MI DESTINO
QUIERO SER ANDADOR DE CAMINOS
Y, DE MADRUGADA,
DESPERTAR CON TU MIRADA
QUIERO SURCAR LOS MARES
Y BESAR SUS PLAYAS
Y, CUANDO ME VAYA,
RECORDARÉ TUS MIRARES
QUIERO REFRESCAR MI SUDOR
CON EL AGUA DE LOS RIOS
QUIERO CANTAR AL AMOR
AMIGOS MÍOS
PERO NO TE OLVIDES
HE DE SEGUIR MI CAMINO
SERÉ CONSTRUCTOR DE SUEÑOS
Y QUIERO SER EL DUEÑO
DE MI DESTINO
(V.E)
(Extracto de mi novela "A la sombra del atardecer". Se trata de un canción compuesta por uno de los personajes principales de la misma; Rafael)
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