Es curioso como pueden variar las sensaciones de una Navidad a otra. Estas fiestas son periodos delicados en donde si algo falta se echa más de menos que nunca y en donde cualquier dicha se multiplica por dos. Estos días tienen un efecto multiplicador de tu estado de ánimo. Si estás triste lo estarás por partida doble, y si estás alegre tendrás oportunidad de compartirlo con los tuyos y por lo tanto se incrementará tu alegría. Así de perversas pueden llegar a ser las navidades, pero a la vez así de encantadoras.Con los años uno va matizando el valor que le da a estas fiestas. En la infancia las asocias a ese regalo ansiado que pediste en tu carta a los Reyes y que no sabes si te será concedido o no hasta ese mágico día 6 de enero.
Luego crecerás y pensarás en la noche de nochevieja para ponerte tus mejores galas y acudir a esa fiesta donde probablemente tengas oportunidad de encontrar a alguna Cenicienta que olvide su zapato antes de que den las doce, y si no, siempre te podrás acoger al calor del alcohol para consolar tu mala fortuna y con sus efectos nocivos tendrás el valor suficiente para echarte a bailar y sujetar la cintura de una mujer vestida con un escrupuloso e impoluto traje negro ajustado que ciñe su silueta perfilada.
Después te cansarás de todo ello y querrás la tranquilidad de tu familia. Puede que ya ni siquiera necesites encontrar una mujer, la mujer ya estará a tu lado para siempre y quizá tengas algún miembro más en la familia que ni siquiera te imaginabas años atrás. O puede que no tengas esa compañera que llenará tu soledad, y será esta; la soledad, la que te acompañe en estos días. Buscarás a tus amigos; algunos ya no estarán, otros si. Pero siempre estará esa familia que nunca falla para abrigarte en estos días donde todo parece más frío. En ambos casos la nochevieja no será tan festiva como antes, quizá te apetezca salir fuera de tu ciudad, o puede que te quedes incluso en casa, pero siempre abordaras la noche con la esperanza de empezar un año nuevo lleno de sueños por construir y de ilusiones por conquistar. En todo habrá algo de fin y algo de principio.
Sea como fuere su navidad, vuestra navidad, disfrutad de ella, si es posible al calor de la chimenea que más os reconforte y si no, dejarla pasar, ya vendrá otra con más calor.
A TODOS FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO 2010



No era momento de comerse el típico cocido maragato, aunque no fuera por hambre. Llegamos a la hora de comer pero echamos mano del hornazo que llevó el compañero Carlos y damos cuenta de el en un parque de la ciudad con la vista del palacio de Gaudí al frente.
Después de reponer fuerzas nos disponemos a afrontar la parte más complicada del recorrido. Hasta Rabanal del Camino el perfil del trayecto cambia hacia una permanente subida con la que vas minando fuerzas. Pasado Rabanal del camino, comenzamos la subida a la Cruz de Ferro, siguiendo el camino que se hace a pie, a pesar de que este recorrido no se puede hacer en bicicleta. Subida dura y difícil. Camino estrecho y empedrado que te obliga a ir con el máximo desarrollo y a dominar la bici en situaciones muy exigentes desde el punto de vista técnico. Al final coronamos y en la cima nos hacemos la foto típica. Si pensábamos que habíamos hecho algo meritorio por lo realizado hasta el momento, nuestra valoración se vería menguada al ver como un disminuido físico subía hasta la cima de la Cruz de Ferro en silla de ruedas. Le ayudamos a subir hasta la Cruz y nos hacemos la foto pertinente con este auténtico peregrino.




Decidimos seguir ruta, ya que queda una subida dura hasta Palas de Rei y queremos hacerla antes de comer, para dejar lo más suave para después del almuerzo. Con mucho calor llegamos hasta Palas de Rey, para reponer fuerzas, después de la dura y exigente subida. Trás comer, todavía queda un poco de subida pero luego ya es dejarse caer hasta Melide. Después de haber pasado un mal rato físicamente, acabo entero la etapa. Pero antes de llegar a Melide en el pueblo de Furelos nos encontramos con la sorpresa de que José y su familia, un amigo del grupo que pasaba las vacaciones en Sanjenjo y que nos están esperando con una botellas de vino para celebrar el final de etapa. Damos cumplida cuenta del fresco líquido que entra como bálsamo purificador.
Llegamos al monte de Gozo, nos hacemos las fotos y ya solo queda dejarse caer hasta la Plaza del Obradoiro de Santiago.

